¿Está el euro en peligro?

Desde que la moneda única europea entró en circulación en el año 2002, todo fueron buenas noticas y tiempos de prosperidad económica para el viejo continente. Sin embargo, una vez desatada la crisis mundial, la fortaleza de que tanto presumía el euro se ha derrumbado como un castillo de naipes. Ahora, la duda y la incertidumbre se han apoderado de los mercados económicos, por consiguiente se abre el debate, años atrás impensable, sobre si la moneda única será capaz de sobrevivir a la crisis.

Problemas de raíz

Para algunos expeeuro_rotortos, el problema del euro comenzó ya desde su misma fundación, y esto se demostró con la quiebra económica de Grecia. Así pues, la debilidad actual del euro responde a una mala planificación inicial acerca de los desequilibrios monetarios que existían entre los países miembros de la eurozona antes de establecerse el euro como moneda única; los líderes europeos prefirieron ignorar el problema, haciendo la vista gorda con la esperanza de que la misma dinámica del sistema económico lo sanase. Para otros entendidos en la materia, la fuente del problema ha sido que muchos estados han realizado un despilfarro económico excesivo durante los buenos tiempos de la moneda única europea. Por lo tanto, ahora se están sumergidos en un alto déficit fiscal y una deuda interna demasiado elevada.

Un futuro incierto

Sea como sea, la pregunta que todos se hacen es la misma: ¿puede desaparecer el euro? Y la respuesta, como no podía ser de otra manera, no es nada esclarecedora. Algunos economistas opinan que el euro desparecerá en breve, otros le auguran el mismo destino pero al cabo de unos años, y para otros, el euro no sólo no desaparecerá jamás, sino que seguirá siendo una moneda fuerte dentro de los mercados económicos. Y ahí reside el verdadero problema de la moneda única, en la especulación de los mercados; mientras siga reinando la duda y las contradicciones el euro seguirá en tela de juicio. Así pues, para ciertos especialistas, lo primero que debe hacer Europa es reafirmarse en su intención de seguir apoyando al euro, transmitiendo así una sensación de confianza hacia los mercados inversores. Luego, tal y como están haciendo ya, aplicar una política de austeridad en sus estados miembros y otorgarle al BCE el poder necesario para ofrecer solvencia a los países que la necesiten.